sábado, 4 de junio de 2016

Basta de demencias

Marcha contra la Violencia, Montevideo. Noviembre, 2015.

Dementes. Hombres dementes que matan a las mujeres porque considerarlas propias, suyas. “Sus mujeres”. Como si la mujer no fuera un ser humano independiente, con derechos (miles de derechos), con corazón, con sentimientos, con sensaciones, con libertades, con valores, con voz propia. Y así nomás, de una, deciden deshacerse de ese cuerpo, el de ella –a mano armada, ahorcadas, prendidas fuego– porque si no es de él, no es de nadie. 12 mujeres fueron asesinadas en lo que va del año. Y las marchas siguen reclamado a gritos acabar con tanta violencia, acabar con tanta muerte. Las movilizaciones siguen gritando que la mujer no es de la vida de un hombre, sino de la suya propia. Las movilizaciones siguen reclamándole al gobierno soluciones reales. Las movilizaciones exigen una sociedad sin dementes, una sociedad sin mezquindad. Y muchas campanas siguen sonando. 

viernes, 3 de junio de 2016

Pago en cuotas

Camilo quiere un libro. Ése libro. Un comic de tapa dura que muestra a Rubius Virtual Hero. Uno de los héroes del fenómeno youtuber –el mundo de videosjuegos– que lleva a los niños a explorar nuevos mundos, a combatir contra criaturas hostiles, superar pruebas imposibles y transitar en una dimensión virtual. Sus bochones  color café se agrandan cuando Emilio, su padre (o su abuelo), se acerca al mostrador y saca la billetera del bolsillo de su pantalón. Camilo apoya sus manos en el borde y sonríe. Espera ansioso que la chica le entregue el libro envuelto en una bolsa. Aunque lo primero que hará Camilo es desquitar esa bolsa blanca para llevar a Rubius Virtual Hero en la mano, orgulloso.

Emilio entrega a la piba su tarjeta de crédito, preguntando si puede pagarlo en dos cuotas. Pero no es posible. Debe superar los 500 pesos. Le faltan apenas 86 para llegar al monto. Los bochones de Camilo se vuelven chiquitos. Su cara ahora es de desolación. Emilio negocia. No es mucho, dice, pero para lo que uno gana. La chica lo siente –le da pena porque sabe que Emilio es un laburante, un pobre laburante con un sueldo casi miserable. Seguro sacrifica un algo para que su hijo (o nieto) tenga ese libro, piensa–. No puede hacer nada, más que repetirle que para las dos cuotas debe superar los 500 pesos. Camilo no entiende mucho pero sonríe de nuevo. Es que, ahora, Emilio le da la opción de elegir otro libro. El niño pega la vuelta y mira los estantes sin titubear. Su mano se prende de Salseo gamer, otro youtuber. Los youtuber han sido todo un éxito.

Pero los dos libros suman más de lo que Emilio piensa gastar, y puede. Entonces pide tres cuotas. La piba lo siente de nuevo, para eso debe superar los 800 pesos. Ella quisiera tener la guita para dársela al hombre y ayudarlo con esos libros. Tampoco tiene la autoridad de hacer la excepción y facultarle a su cliente el pago. Emilio ya resignado accede a las dos cuotas, faltándole ahora 100 pesos para las tres, mientras ella se muerde los labios de impotencia por la perversidad del sistema que seduce (y presiona) a los pobres laburantes a consumir más de la cuenta. Ella busca la mirada de su superior. Le hace señas. Se acerca. La piba le explica el caso enfatizando que no da para perder la venta y lo convence y la autorizan a realizar los tres pagos después de pasar la banda magnética aunque Emilio no llegue con el monto. Ella sonríe. Emilio también, pero no más que  Camilo. 

16ª. Feria del Libro Infantil y Juvenil en la Intendencia de Montevideo. Mayo, 2016.

16ª. Feria del Libro Infantil y Juvenil en la Intendencia de 
Montevideo. Mayo, 2016.

miércoles, 1 de junio de 2016

Tres colores, una pasión

Blanco, rojo y azul. La piel se me puso de gallina. La emoción contagiaba. Miles de personas acariciaban cualquiera de los tres colores. Los tres. La inmensa tela flameaba tapando toda todas las tribunas del Estadio Centenario. Cientos de celulares salieron de los bolsillos para registrar ese momento. Un momento glorioso en un partido amistoso con Real Atlético Madrid que ni siquiera tenía la adrenalina del Campeonato Uruguayo o la Copa Libertadores o cualquier otra copa. Aquello, que al principio no sabía cómo describir, cómo llamarlo, era... Qué se yo… Mágico. Entonces comprendí que tenía frente a mis ojos el comienzo de lo que en ese instante fue una idea. Una simple idea que con los meses fue tomando color como los de la bandera y el escudo que miles de sus hinchas llevan tatuado en el pecho, en el brazo, en la espalda y a la izquierda de la camiseta, en el termo y el mate, en el paraguas, en el adhesivo que adorna la ventanilla del auto– y se convirtió en un proyecto. Un fotoreportaje sobre una historia. La de miles de hinchas que acompañan a su cuadro al césped que sea, a los 11 jugadores que dejan allí el alma, le vaya pésimo o de maravillas, puntero o último en la tabla de posiciones del torneo. Es que no hay con qué darle. La pasión y el fanatismo no tienen barreras ni fronteras. Es puro sentimiento.

 Nacional Real vs Atlético Madrid. Estadio Centenario, Montevideo. Agosto, 2013.

“Tres colores, una pasión” se exhibió en la sala Ángel Tejera de la Casa de la Cultura de Maldonado desde el 14 de mayo hasta ayer. Para mi mí todo un logro. Sueño cumplido. Aunque la idea es que siga recorriendo el país. Para Ojalá, así sea. Tricolor, tricolor.


Entradas relacionadas (que forman parte de la muestra fotográfica):

martes, 31 de mayo de 2016

El principito y otros cuentos

16ª. Feria del Libro Infantil y Juvenil
Atrio de la Intendencia de Montevideo.
Mayo, 2016.


 


viernes, 27 de mayo de 2016

Cada loco con su tema

Los transeúntes iban y venían. Los taxistas cortaron el tránsito en plena avenida 18 de Julio. Otra vez, en contra de Uber. David observaba todo desde las alturas. David es testigo de todo lo que allí acontece. Si el David hablara... 

Intendencia de Montevideo. Mayo, 2016.

martes, 24 de mayo de 2016

Basura (s)

Manifestación de clasificadores en la Av. 18 de Julio, hoy. 

Eran 12. Poco más, poco menos. Cortaron la avenida principal de Montevideo, frente al Ministerio de Desarrollo Social, reclamándole al gobierno un salario digno. 30.000 pesos. Los clasificadores exigen tener un sueldo de 30.000 pesos. Como tantos otros. Como una cajera de supermercado, de un abitab, de una heladería, de cualquier servicio de alimentos, un vendedora de ropa, un vendedor de libros, una moza, un guarda de seguridad, una empleada doméstica, una telefonista, una recepcionista de hotel, una administrativa de una empresa de ricos, un reponedor de góndolas… Son miles los que apenas llegan (llegamos) a 15.000 y seguramente comen arroz todos los días. Y un alquiler de una habitación en una pensión cuesta alrededor de 10.000. Ni hablemos de un apartamento. Pero lo más triste, entre todos los males, son esos cientos de niños que viven arriba de un carrito revolviendo basura, comiendo basura, oliendo basura, viviendo como basura, y entre tanta basura. ¿Ningún cabecilla de tantos ministerios, ningún jerarca del gobierno, ningún político, sea del color que sea, tenga los ideales que tenga, es tan incapaz de ver la extrema vulnerabilidad y la pobreza y el futuro incierto de esos niños? Eso sí es de basuras. 

viernes, 20 de mayo de 2016

Otro silencio

“Están en algún sitio / concertados
desconcertados / sordos
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
(…)
nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
sin son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos
(…)
cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían
están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
allá en el sur del alma…”

Mario Benedetti

                                   20ª. Marcha del Silencio. Montevideo. Mayo, 2015.


El silencio, ese silencio, habla por sí solo. Año a año, miles de personas parten a paso lento de la esquina de Av. Rivera y Jackson, cada 20 de mayo, con pancartas que suplican con letras grandes Verdad y Justicia, que exigen ¡Basta a la impunidad! Y los rostros de siempre. Esos rostros que en los años 70 desaparecieron. Y nunca más se supo de ellos. Nunca más.

Son cientos los familiares que hace 40 años, o más, siguen buscando a sus hijos y nietos, que siguen teniendo la esperanza de que algún día puedan hallar esos cuerpos, de enterrarlos, que quienes saben –porque seguro hay militares (y no militares también) que saben– hablen, confiesen. Y que el gobierno, de una vez por todas, se ponga los derechos humanos al hombro y haga lo que tiene que hacer, que deje de perdonar a cientos de viejitos que se cagaron en miles de jóvenes que lucharon por sus ideales y torturaron a más no poder en un pasado que sigue latente. Un pasado que no se olvida, que es Presente, al menos hasta que esos cuerpos aparezcan, hasta que la verdad y la justicia le ganen a la impunidad. Basta de impunidad. Basta. Basta. Basta. Este año la consigna es: "Ellos en nosotros contra la impunidad de ayer y hoy, por verdad y justicia". Otro silencio. El 21.